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Historia del zoo, del T.E.I.


Breve historia

Este montaje está ampliamente considerado no sólo como uno de los más importantes del Teatro Experimental Independiente (T.E.I.) —lo que ya es mucho decir, si se tiene en cuenta la larga trayectoria y relevancia del grupo—, sino de la historia del Teatro Independiente español.

Fue estrenado a finales de 1971 en el Pequeño Teatro de Magallanes de Madrid, sede entonces el T.E.I., que había sido inaugurada apenas seis meses antes. La interpretación corrió a cargo de Antonio Llopis y José Carlos Plaza, con traducción, adaptación y dirección de William Layton, principal introductor y maestro en nuestro país del Método Stanislavski.

El montaje tenía un precedente: una versión estrenada el 2 de diciembre de 1963 con dirección del propio Layton e interpretación de Juan Margallo y Carlos Foretic. Aquel montaje, basado en un texto muy perjudicado por la censura, se representó en el Teatro Valle-Inclán de Madrid sólo un par de veces por estar acogido a la reglamentación de los Teatros de Cámara y Ensayo.

Dos años más tarde, el texto fue publicado por la revista Primer Acto; y seis más tarde, en un contexto político algo más favorable, vio la luz el montaje del T.E.I., que mucho tiempo después fue calificado retrospectivamente como “un zambombazo rotundo” (Marcos Ordóñez, El País, 30-04-20).

La famosa pieza de Edward Albee desarrolla un diálogo entre un individuo culto y acomodado (Peter, encarnado por José Carlos Plaza) y un tipo marginado y rebelde (Jerry, interpretado por Antonio Llopis) en el que se pone de manifiesto un choque y un imposibilidad de comunicación real entre sus respectivos mundos que el segundo va manipulando hasta hacer que desemboque en un trágico final.

La escenografía consistía únicamente en el banco de un parque, por lo que toda la representación descansaba en el trabajo actoral y en la dirección escénica. Y ambos aspectos fueron unánimemente celebrados: “nunca esta historia había sido representada con tan verdadero dramatismo” y los aplausos del público fueron el “premio justo a la gran labor del director y sus intérpretes” (Adolfo Prego, ABC, 9-11-71); “no hay hipérbole si digo que la interpretación de Carlos Plaza y Antonio Llopis —aquél con sus actitudes y sus despistes y asombrados interrogantes, su expresividad, en suma; éste con su bla, bla minucioso e inquietante— me pareció antológica” (Francisco Álvaro, El Espectador y la Crítica, 1972); los actores “realizan una magistral interpretación de los dos personajes” (Moisés Pérez Coterillo, Informaciones, abr.-1971) y la clave es William Layton, que “ha puesto en la mano de los actores un material de rigor y coherencia inapreciables” (Moisés Pérez Coterillo, Primer Acto, mar.-1972).

El espectáculo se mantuvo en cartel en el Pequeño Teatro de Magallanes hasta mayo de 1972 de manera compatible con representaciones puntuales en otras localidades españolas; fue repuesto en la misma sala meses más tarde y continuó girando durante los dos años siguientes.

De la huella que dejó la Historia del zoo del T.E.I. es asimismo prueba que esta misma puesta en escena volvió a ser representada en teatros españoles décadas después de su estreno. Fue en 1991, en el Teatro María Guerrero de Madrid, con interpretación de otros dos actores muy ligados a la trayectoria de una compañía que fue directa prolongación del T.E.I. (el Teatro Estable Castellano): Chema Muñoz y José Pedro Carrión. En 2002, cuando ya había fallecido Layton, José Carlos Plaza recuperó la misma puesta en escena para su representación en la Sala Lagrada de Madrid, con actuación de Carlos Martínez-Abarca y Javier Ruiz de Alegría. Y este mismo montaje, con idénticos intérpretes y director, volvió a las tablas en enero de 2018 en el Teatro Lara de Madrid.

La Historia del zoo del T.E.I. es también muy recordada por haber sido uno de los mejores trabajos de Antonio Llopis, un actor que bien puede ser calificado de mítico y que está considerado como uno de los más importantes surgidos del Teatro Independiente español.

Intérprete, profesor, coreógrafo y director de escena, fue protagonista de una intensa trayectoria: estudió en Buenos Aires con Lee Strasberg; trabajó en varios montajes del T.E.I.; fue seguidor y luego docente del método de Transformaciones de Layton, al que incorporó posteriormente innovaciones de expresión corporal; participó en la fundación del Centro de Investigaciones Teatrales y del Teatro de la Danza; impartió clases en Milán, Brasilia, Río de Janeiro y Buenos Aires; y, antes de abandonar bruscamente el trabajo teatral en 1990, dejó interpretaciones inolvidables en Los Justos de Camus, la Historia del soldado de Ramuz-Stravinski y Woyzeck de Büchner, por citar sólo algunas.

Ficha artística