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Libélula


Breve historia

Libélula fue uno de los proyectos más singulares del Teatro Independiente. Por supuesto, no fue el único que hizo espectáculos de marionetas, pero sí uno de los pocos que se dedicó exclusivamente a este tipo de arte escénico. Y lo hizo con un estilo muy propio, extraordinariamente valorado, orientado tanto a público infantil como adulto y durante muchos años.

El grupo —más bien, un dúo— nació en París en el año 1975. Allí lo formaron Julio Michel y Lola Atance, que habían cursado Licenciatura de Arte Dramático por la Universidad de Vincennes-Saint Denis (París VIII) y que habían iniciado sus actividades haciendo teatro para inmigrantes.

El fuerte impacto que les causó la asistencia a espectáculos de Bread and Puppet y el contacto con los trabajos de Yves Joly, uno de los grandes innovadores del teatro contemporáneo de marionetas, les condujo, como señalaron en el programa de una de sus producciones, al “estudio de la relación actor-objeto (…), al descubrimiento de las posibilidades dramáticas de los objetos animados y, en una etapa posterior, a la investigación dentro del campo específico de las marionetas”.

Se presentaron en España con Historia de un proverbio y La nube, dos espectáculos de títeres de guante que estrenaron en el Corral de Comedias de Almagro (Ciudad Real). El éxito fue tal, que a los integrantes de Libélula, visiblemente nerviosos, se le olvidó “pasar la gorra” al final de la representación, que era la única de manera que tenían de conseguir algún ingreso, porque no estaban formalmente contratados.

Sus trabajos fueron acogidos desde entonces con el mismo éxito. En los cinco años siguientes, produjeron Las aventuras de Mingo, con estreno en el Teatro Arniches de Madrid; Imágenes… o algo así, con títeres de varilla y de guante; y Canciones de amor y celda, un espectáculo de títeres con peana y de varillas, basado en romances tradicionales y realizado con el cantante Amancio Prada, que se representó en el Teatro Barceló de Madrid.

Además, hasta finales de los años setenta, fueron programados en varios Festivales Internacionales: Barcelona, Saintes (Francia), Wroclaw (Polonia), Palermo (Italia), Oporto (Portugal), Zaragoza, etc. Asimismo, participaron en varios programas infantiles de RTVE e hicieron largas giras por Andalucía, incluyendo su programación durante varias semanas en la sala de cabaret-teatro Blues Ville de Sevilla, lo que dio lugar posteriormente a su colaboración en espectáculos de tres grupos sevillanos: Esperpento (Los amores de don Perlimplín con Belisa en su jardín), Teatro del Mediodía (El bello Adolfo) y El Globo (Fantasía para un juguete roto).

Dado que Libélula siguió en activo como tal hasta el fallecimiento de Julio Michel en 2017 (si bien algunos de sus colaboradores siguieron representando espectáculos del grupo para prolongar su legado), la mayor parte de su larga y rica trayectoria se desarrolló con posterioridad al periodo contemplado en este sitio web.

No obstante, es obligado dejar constancia, como mínimo, de que Libélula participó en 1984 en la creación de la Sala Mirador, centro estable de marionetas establecido en el barrio madrileño de Lavapiés por la asociación Linterna Mágica, formada por las compañías Teatro Popular de Muñecos y Máscaras, La Gaviota, Títeres de Horacio, Libélula, Marionetas Peralta del Amo y Los Iniciados. Y que, una vez que el grupo decidió trasladar su residencia a Segovia, fue fundador en 1985 del Festival Internacional de Teatro de Títeres Titirimundi, que es en la actualidad uno de los más importantes del mundo. En su 39ª edición, celebrada en mayo de 2025, participaron 34 compañías que realizaron 402 funciones en 29 espacios de la ciudad consiguiendo casi 50.000 espectadores.

La crítica destacó en repetidas ocasiones el estilo muy original y propio de Libélula. Lorenzo López Sancho escribió que el grupo inducía al espectador a extraer de sus espectáculos “su propio relato, impregnado a veces de poesía, aunque la tendencia más destacada es a situarnos ante una impresión, a veces casi hiriente, de lo ridículo, de lo grotesco de muchas situaciones y acciones humanas” (ABC, 10-10-1982). Y Rosana Torres subrayó que “en Libélula, lo que menos importancia tiene es lo que se cuenta, ya que el interés que logra despertar en el espectador es gracias a su forma especial y novedosa de narrar a través de las formas”. (El País, 30-06-82).