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Proceso por la sombra de un burro del T.E.I.


Breve historia

Proceso por la sombra de un burro, de Friedrich Dürrenmatt, fue uno de los espectáculos señeros del T.E.I…. incluso desde antes de que este existiera: la obra se montó por primera vez en el Teatro Estudio de Madrid (T.E.M.), antecedente directo del T.E.I., bajo la dirección de William Layton y de un jovencísimo José Carlos Plaza.

El T.E.M. daba así sus primeros pasos en 1965, recién terminados los estudios de interpretación en la escuela de teatro fundada por Layton, Miguel Narros, Maruja López, y Betsy Buckley; y fue su segunda propuesta escénica, tras Historia del zoo, de Edward Albee.

En 1966, recibieron por Proceso por la sombra de un burro el Premio Nacional de Teatro y la representaron durante tres meses en el Teatro Beatriz, sede entonces del Teatro Nacional de Cámara y Ensayo. Tras este arranque, giraron la obra por varias provincias con Festivales de España. En 1968, grabaron la función en TVE para el programa Teatro de Siempre.

El espectáculo fue recibido muy positivamente por la crítica: “Muy bien. Muy bien. Este alegre espectáculo, este claro, luminoso, desenfadado inteligente espectáculo, este es el que está obligado a darnos el teatro de nuestro tiempo: por su vivacidad, por su enraizamiento en nuestros problemas, por su capacidad de síntesis, por su ímpetu, por su fuerza provocadora, por hacernos meditar, por hacernos reír, por encantarnos sin hipnotizarnos, por su limpieza intelectual y artística (…). El resultado es esta magnífica versión del Proceso por la sombra de un burro de Friedrich Durrenmatt, que es, en su origen, un texto de teatro radiofónico, adaptado por María López y Miguel Narros. (...) El TEM actúa desarrollando y actualizando las famosas normas del muy famoso método de Stanislavsky o, al menos, parte de ellas. Es decir, los actores se comportan en escena influyéndose unos sobre otros orgánicamente, no como autómatas memorizados, sino como seres palpitantes y vivos. No se limitan a ‘representar’; agregan claramente una visualización del impulso interno que hace a un ser vivo actuar de determinada forma. (...) Valoran los personajes por su rango dramático, su situación social, sus rasgos físicos y sus atributos más llameantes. Contemplan, o parecen contemplar, la escena a través de los ojos de los personajes.” (Lorenzo López Sancho, ABC, 3-02-66).

Tras este éxito inicial, Proceso por la sombra de un burro fue “remontada” a partir de 1971, ya bajo la denominación de T.E.I., para formar parte del repertorio del grupo en la programación del Pequeño Teatro de la calle Magallanes de Madrid.

Aunque la crítica más conservadora fue ambivalente en esta ocasión y mostró algunas reservas, las revistas especializadas elogiaron el montaje: “El TEI repuso la divertida (y reflexiva) historia de la discusión entre el asnero y el dentista Estritulon que le alquila su burro. ¿Tiene derecho a sentarse a la sombra que le proporciona el burro sin pagar más? Farsa grotesca esta de Dürrenmatt en la que se van Implicando en el ‘escandaloso’ proceso diversas capas sociales y diversos estamentos comprometidos en la ‘bizantina’ discusión. De la ‘nada’... todo se desborda, en una sarcástica minimización del concepto de la Justicia. Y al final la pregunta del autor: ‘¿quién es el burro del relato?’". (Gonzalo Pérez de Olaguera, Yorick, dic.-72/ene.73).

No fue esta la última “vida” del montaje. Para afrontar los problemas económicos y administrativos que condujeron finalmente al cierre del Pequeño Teatro de Magallanes, el T.E.I. decidió reponer durante tres semanas en el Teatro Barceló Proceso por la sombra de un burro, para poder ganar el dinero necesario para pagar la deuda. Luego la obra se presenta durante dos semanas también en el Pequeño Teatro Magallanes” (Agnieszka Lisowska, 2015).

En esta tercera etapa del espectáculo, José Monleón escribió: “Entre aquella y la nueva versión hay, sin duda, diferencias notables, tanto en el texto como en el trabajo escénico, hasta el punto de tratarse prácticamente de un estreno. La razón del nuevo enfoque se justifica, en parte, con el anuncio de que se trata de una versión para público juvenil (..). La puesta en escena consiste, sustancialmente, en dar a los actores, sobre un espacio desnudo, la libertad y la responsabilidad del juego creador (…). Del Método, hemos pasado a la Comedia del Arte” (Triunfo, 20-03-76).

Ficha artística