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Mercaderes de ciudades, de Teatro del Mediodía


Breve historia

Fue el segundo espectáculo producido por esta compañía. Mercaderes de ciudades cuenta la historia de un barrio que sufre una triste especulación de suelo. La ciudad se convierte en objeto de venta dentro de un mercado insensible y especulativo so pretexto de la renovación urbana.

La puesta en escena de Teatro del Mediodía se basaba en la adaptación que uno de sus miembros, Antonio Andrés Lapeña, hizo de Les Marchands de villes, obra escrita por Jacques Nichet para el grupo Théâtre Aquarium de Paris.

La noticia que dio El País acerca de su estreno en Sevilla subrayaba que el tema del montaje era de actualidad candente: “En una ciudad como Sevilla, que tan de cerca vive y soporta los estragos de la fiebre urbana, la obra de Mediodía impactó fácilmente en el público que se agolpaba en el local” (Juan Teba, El País, 27-02-77).

Teatro del Mediodía construyó el espectáculo haciendo hincapié en el plano gestual. Los actores utilizaban máscaras, hecho que confería un impacto visual muy potente al mensaje de agitación de la puesta en escena.

Esta fue descrita así por El País con ocasión de su estreno: “Toda la historia es contada en una farsa musical por donde desfilan los distintos personajes, máscaras de sí mismos, moviéndose por el escenario gris de la ciudad y componiendo un ballet grotesco, mientras una dura melodía anuncia que el negocio prospera y las ciudades, nuestras ciudades, están siendo destruidas y sus edificios derribados, transfiriéndose los expolios habituales a la periferia desolada” (27-02-77).

Llamó mucho la atención tanto del público como de la crítica el cuidado trabajo de los actores y su dominio expresivo; unos actores que por aquel entonces ya empezaban a demostrar todo su potencial, como eran los casos de Roberto Quintana o Antonio Andrés.

Así lo reconoció la crítica: “La sátira es la base de todo el lenguaje: la música, el texto y, sobre todo, la expresión corporal, que alcanza unas cotas muy poco habituales —a pesar de la gran altura que suelen alcanzar estos grupos—; las actuaciones de todos los miembros del grupo —que interpretan diversos papeles— son de una calidad casi inmejorable. (L. Cátedra R., Nueva Andalucía, 1977).

En su conjunto, el montaje estaba cargado de una “desveladora racionalidad imaginativa”, como lo definió Juan Antonio Hormigón en su crítica de El País cuando el montaje se estrenó en Madrid. En ella, alababa firmemente la propuesta de trabajo de la compañía.

Entre otras cosas, señaló que “para mí representa, no tanto en su estilística como en sus bases de trabajo, una auténtica opción en el mundo teatral español. Una opción que corre todos los riesgos; está contra la rutina, las modas, las corrientes y los hábitos; y busca un mecanismo de comunicación intelectualmente activo con el espectador, le exige un permanente ejercicio de descodificación de las metáforas escénicas propuestas como representación de la realidad” (El País, 11-03-77).

El espectáculo supuso la consagración del Teatro del Mediodía. Estaba concebido para su representación en los circuitos alternativos, pero estos se revelaron pronto como insuficientes para las posibilidades de difusión del montaje, que necesitaba y consiguió una mayor permanencia en cartelera.

Ficha artística