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Cuento para la hora de acostarse, de Esperpento


Breve historia

Esperpento montó Cuento para la hora de acostarse, de Sean O’Casey, en paralelo a otro espectáculo en el que la compañía trabajaba en ese momento: La política de los restos.

Por aquel entonces, este trabajo consumía las energías del grupo, ya que no acababan de culminar los ensayos, que se alargaban casi hasta la extenuación, terminando con la paciencia de muchos de los integrantes del grupo, que para la ocasión eran más de 30.

Por eso, el montaje paralelo deCuento para la hora de acostarse supuso una liberación y un soplo de aire fresco para los que formaron parte del proyecto: un pequeño espectáculo, cuatro actores, un pianista y gran libertad de improvisación para todos los intérpretes.

Para llevarlo a cabo, realizaron una curiosa adaptación de los personajes originarios irlandeses a personajes andaluces y montaron la obra como si esta trascurriera en una pensión andaluza.

El montaje gozó del beneplácito del público, alcanzando más de 150 funciones dentro y fuera de nuestras fronteras.

Aunque esta producción tenía características muy diferentes a las de su primera obra, Antígona, la crítica la interpretó como un paso más en la trayectoria del grupo y alabó tanto la adaptación como la puesta en escena: “Esperpento dio en el quid. Encontró una forma en perfecta conjunción con el fondo y siguió —es claro principio suyo— la teoría brechtiana de divertir e informar (…). Presentaron una escenografía sencilla y a la vez multicolor, acorde con todo el montaje, al que ayudaban perfectamente las ilustraciones musicales del piano” (J.M.S. “Dominio del espacio en la actuación de “Esperpento”, Salamanca).

A su vez, Maria Aurèlia Campmany escribió en Triunfo que “Esperpento ha sabido potenciar, distorsionando gestos y personajes para alcanzar el clima desaforado e hiriente del ‘music-hall’, al que dan jun color muy suyo, muy andaos (…), lo que explica su éxito (…) como también la repulsa de los que se encuentran de bruces ante tamaña audacia. El grupo trabajó con un rigor absoluto, con la maravillosa espontaneidad que produce no dejar nada al azar” (1-09-73).

La crítica resaltó también la calidad de los intérpretes que componían el reparto; de hecho, todos ellos desarrollaron posteriormente una fructífera y exitosa carrera profesional.

Como cualquier compañía independiente de la época, Esperpento también se vio salpicado por los coletazos de la tan temida censura. En Lugo, por ejemplo, sufrieron una denuncia por atentar contra la moral y las buenas costumbres con este espectáculo. Muchos eran los aspectos del montaje que las autoridades no consideraron oportunos: vestuario no definido de militar o policía, gestos procaces, no ajustarse al texto que se autorizó previamente y otros varios que el Ministerio de Información y Turismo de la época consideró inapropiados y dignos de penalización. La multa ascendió a 50.000 pesetas.

El importe era considerablemente elevado para la precaria economía de la compañía, pero esta finalmente pudo pagarla gracias a la recaudación de la venta de diferentes obras donadas por artistas plásticos afines al grupo.

Ficha artística