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Grup A-71


Breve historia

Se fundó en 1973 como consecuencia del interés de la sala de exposiciones Gaudí de Barcelona por promover la creación de un grupo teatral que realizara actividades en ella.

El encargo fue realizado a Joan Maria Gual, quien logró reunir a una quincena de miembros (entre ellos, Núria Duran, Ramon Teixidor, Gabriel Renom, Ignasi Roda, Enric Cervera, etc.) de procedencia muy diversa: grupos de teatro independiente, escuelas de arte dramático, teatro universitario, teatro aficionado e, incluso, en algún caso aislado, del teatro comercial. El equipo asumió la denominación que ya tenía una asociación cultural que había sido fundada por la propia sala y se organizó de inmediato en forma de cooperativa.

En sus propias palabras, el objetivo común era “el interés de realizar un teatro fuera del anquilosado y nada atractivo teatro comercial”, si bien no descartaban en absoluto representar en salas comerciales con el fin de llegar al mayor número posible de espectadores.

Desde sus dos primeros espectáculos, ambos producidos en 1973 —uno sobre tres textos breves de Manuel Pedrolo y otro sobre dos piezas de Molière, en el que colaboraron Fabià Puigserver y Frederic Amat—, adoptaron una forma de trabajo colectiva, pero sin difuminar en ella la especialidad profesional de cada uno de sus miembros. También fue clara desde el principio su apuesta por hacer teatro en catalán —de hecho, todos sus espectáculos fueron en esta lengua—, aunque en sus inicios no excluían en absoluto la posibilidad de hacerlo en castellano.

Probablemente, su montaje más difundido fue La lliçó, de Eugène Ionesco, con traducción al catalán de Joan Argenté, que se estrenó en el Teatro Español de Barcelona en 1974, y con el que hicieron a continuación una larga gira por toda España hasta superar las 100 representaciones. También realizaron teatro infantil (La carrossa d’argila, de Aldo Giovanetti, y una versión de Antígona, de Josep Maria Muñoz Pujol).

Un aspecto muy interesante de su trayectoria es que, en 1980, el grupo logró recuperar para el teatro y gestionar, con el nombre de Teatre Regina, un antiguo espacio escénico, el Club Helena, que había sido convertido en bingo y, después, en sala X de cine. Les costó tres años de agotador esfuerzo, pero al final consiguieron ponerlo en marcha y desarrollar en él una programación de calidad, arriesgada e innovadora.

Muy comprensiblemente, realizar el doble trabajo de creación y de gestión teatral con sus limitados recursos era inviable y, por ello, el grupo se disolvió dos años después para hacer posible la continuidad de la sala. Esta superó las 2.000 representaciones y los 300.000 espectadores en sus primeros cinco años de existencia.