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Ensayo Uno – En Venta


Breve historia

Como dato curioso, hay que señalar que Ensayo Uno-En Venta nació en Venezuela en 1972, si bien se reorganizó e implantó en España al año siguiente.

Una vez ya establecido, el núcleo del equipo, bastante reducido, se hallaba integrado por personas que ya habían tenido experiencias en otros grupos muy relevantes del Teatro Independiente, tales como Los Goliardos, Tábano, Akelarre, Teatro de Cámara de Zaragoza, Bululú…

Ensayo Uno-En Venta tuvo una trayectoria corta, pero muy intensa: su espectáculo más relevante, Anfitrión, pon tus barbas a remojar, sobre textos de Plauto y Molière, resultó muy bien recibido, consiguió decenas de representaciones, tuvo larga vida y fue en su momento un montaje paradigmático del Teatro Independiente.

Además, Ensayo Uno-En Venta fue a partir de 1974 uno de los grupos más activos en Estudio de Teatro, la experiencia más sólida de asociacionismo de los grupos profesionales españoles.

Por supuesto, como les ocurrió a tantos otros colectivos, en su trayectoria hay que registrar espectáculos que finalmente no vieron la luz escénica por la intervención de la censura, como La revolución, de Isaac Chocrón, o El largo camino del Edén, de José Gabriel Núñez.

Tras su disolución, la mayor parte de sus integrantes (Francisco Aguinaga, Teresa Pardo, Isabel Ayúcar, Rafa Martín, Carmen Ruiz…) tuvieron una larga trayectoria profesional tanto en otros grupos importantes (Denok, El Espolón del Gallo, Teatro de Mediodía, Teatro del Viaje, Porpol, Aula 6…) como de forma individual en labores de dirección, interpretación o formación.

El grupo se centraba fundamentalmente en la labor actoral con el apoyo de mínimos medios escénicos (la escenografía de su Anfitrión era apenas un telón de fondo y el escueto vestuario de los cuatro intérpretes); y optaba de manera muy voluntaria no sólo por el trabajo colectivo, sino por una estética extremadamente ecléctica. “No seguimos ninguna tendencia dramática definida” —señalaron en sus comienzos— “y utilizamos todo aquello que creemos que sirve para nuestra idea previa (por otra parte, susceptible de ser cambiada). Influencias (impregnaciones, mejor) de todo tipo, cinematográficas, circenses, musicales, zoomórficas…, hasta teatrales (…). No nos apuntamos a ninguna fórmula como único camino”. De hecho, su Anfitrión, un excelente ejemplo de esta no-tendencia dramática, fue siempre un montaje en continuo estado de transformación.