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Las mariposas, del Pequeño Teatro de Valencia (P.T.V.)


Breve historia

Después de cuatro espectáculos y del claro paso adelante que había supuesto el último de ellos —Un féretro para Arturo, de Jordi Teixidor—, el Pequeño Teatro de Valencia (P.T.V.) logró con la puesta en escena de Las mariposas su consolidación.

Se trataba de un texto escrito originalmente por Jaime Carballo —autor, director y miembro del grupo—, pero que se había ido modificando con las progresivas aportaciones del resto de sus integrantes y con algunas de las ideas que surgían de los coloquios que estos realizaban con el público después de cada representación.

El montaje escenificaba la historia de María, una emigrante que trabaja de sirvienta y que desea sacrificar su bienestar con tal de que su hijo, aún un bebé, pueda estudiar y tener una vida mejor. El niño no para de llorar e impide así que su madre pueda ir con su señora a cazar mariposas en el jardín. Irrumpe entonces un cómico que, con la ayuda de unas marionetas, le hace ver a María que lo que desea realmente es convertirse en una burguesa utilizando para ello a su hijo. Por el contrario, un ciego, acompañado de un lazarillo, le insiste en que esa meta es muy deseable y logra expulsar a los cómicos con la ayuda de la policía. Al final, María entiende que sus sueños son imposibles, mata a su hijo y se va al jardín a cazar mariposas con su señora…

Los recursos escenográficos eran mínimos (unos cuadros de cartón, una silla, una cuna y un tenderete de ropa); y la iluminación, muy básica. En varios momentos de la representación, el grupo rompía con la “cuarta pared” y desarrollaba diversas acciones entre el público.

El espectáculo se representó unas 50 ocasiones en varias ciudades españolas (Madrid, Valencia, Alicante, Sevilla, Toledo…) durante sus primeros siete meses de vida y estuvo presente en dos de los principales festivales de la época: el I Festival Internacional de Teatro Independiente de Madrid y la II Semana de Teatro de Badajoz.

Entre la crítica especializada que se hizo eco del espectáculo, hubo algunos comentarios sobre el indisimulado esquematismo ideológico de la obra o acerca de sus muy básicos recursos técnicos. Además, el desenlace, con María asesinando a su hijo, contrastaba muy fuerte y voluntariamente con el humor que presidía buena parte de las escenas previas, generando así un claro “shock” entre los espectadores.

En todo caso, las críticas fueron muy favorables. José Monleón le dedicó dos artículos en Triunfo en los que calificó el trabajo del grupo de “cálido e inteligente (…) Maneja arquetipos y rompe la acción por donde quiere y como quiere para dar entrada a los elementos que conforman la reflexión” (09-11-74); Concha Lacarra, en Pipirijaina, afirmó que el montaje tenía “una gran calidad artística: actores fuera de lo corriente, un texto y puesta en escena de gran carga poética y crítica” (mar.-1974); Josep Lluis Sirera elogió la capacidad del grupo para trasladar las tensiones sociales al escenario (Cartelera Turia, feb./mar.-1974), y Yorick destacó que “el público de Badajoz se entregó totalmente ante la espléndida propuesta del PTV” (jun./jul.-1974).

Ficha artística