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La orgía, de Esperpento Teatro Joven


Breve historia

El autor, director, docente, autor y dramaturgo Enrique Buenaventura tuvo una influencia decisiva en el desarrollo del Teatro Independiente español.

Las clases sobre creación colectiva que impartió a finales de 1973 en el Instituto Alemán de Madrid a un amplio grupos de distintas procedencias geográficas sirvieron para proporcionar una metodología ya probada a lo que hasta entonces era mayoritariamente un conjunto de técnicas intuidas, improvisadas o autogeneradas por los propios colectivos. Además, aquellos encuentros dieron lugar a la puesta en marcha, pocas semanas después, del proyecto asociativo más importante de aquel movimiento: Estudio de Teatro.

Sin embargo, aunque los textos teóricos de Buenaventura siguieron siendo referencia obligada para los grupos a partir de entonces, no fueron muchas las obras del autor colombiano que estos llevaron a las tablas. Una notable excepción fue la puesta en escena de La orgía que el grupo vigués Esperpento Teatro Joven llevó a cabo con gran éxito en 1974.

El equipo que dirigían Dorotea Bárcena y Xulio Lago no era precisamente un recién llegado. Contaba entonces con cuatro años de existencia y una decena de producciones bastante representadas, sin contar los proyectos prohibidos por la censura. Pero su ámbito geográfico de actuación había quedado muy acotado al territorio gallego.

La orgía supuso un paso adelante muy relevante en su proyección a escala nacional y en la línea de investigación que el núcleo esencial del grupo llevó continuamente a cabo para combinar el esperpento con otras formas del teatro de vanguardia europeo del pasado siglo, como el expresionismo o el grotesco.

Con este último tono dramático está fuertemente emparentada La orgía de Buenaventura, una pieza en la que una anciana que en tiempos fue de la alta sociedad, y que ahora está arruinada, organiza cada mes una fiesta en su decrépita vivienda a la que invita a mendigos y marginados, a los que obliga a interpretar diversos roles sociales en un ejercicio de constante humillación que acaba de manera trágica.

El grupo declaró su propósito de “utilizar un texto colombiano referido a la realidad de aquel país y potenciarlo para que resulte una propuesta crítica totalmente conectada con la situación española”.

Las críticas teatrales de la época, incluso las de los medios más conservadores, no dejaron de percibir esa traslación en medio de comentarios francamente elogiosos. Con ocasión de su presentación en el Teatro Alfil de Madrid en agosto de 1974, se escribió: “El éxito fue tan claro como merecido. Incluso lo que parecen manipulaciones en el texto, para ajustarlo al clima de transición español, están hechas (…) con tacto y sentido de la medida (…) Esperpento restablece la confianza en que puede existir y funcionar un teatro ‘independiente’ que merezca ese nombre” (Adolfo Prego, ABC, ago.-1974); “es un trabajo lúcido, seguro, impresionante, que determinó el aplauso sincero y total hacia el equipo de trabajo de Esperpento de Vigo” (Antonio Valencia, Hoja del Lunes, ago.-1974).

El espectáculo, que al parecer conoció dos versiones y que había llegado a la capital de España tras ser programado en diversas localidades de Extremadura, Andalucía, Valencia, Cataluña, Aragón, País Vasco y Asturias, alcanzó las 160 representaciones con unos 42.000 espectadores.

Ficha artística