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La excepción y la regla / El sabio y el aduanero, de Bululú


Breve historia

Estas dos obras formaron parte de un “Programa Brecht” que fue presentado por Bululú —uno de los grupos más importantes de los inicios del Teatro Independiente— en el Teatro Beatriz de Madrid en 1967 dentro de la programación de los Teatros de Cámara y Ensayo.

En el caso de la primera obra, La excepción y la regla, se trataba de la pieza breve del mismo nombre. En cuanto a la segunda, El sabio y el aduanero, era una dramaturgia del propio grupo —debida probablemente a Antonio Malonda y Jesús Sastre, directores del montaje— sobre textos no teatrales del escritor alemán, entre ellos un poema titulado Leyenda sobre el origen de Tao Te King. El espectáculo fue autorizado para cinco funciones.

Algún crítico reaccionó con ofendida irritación ante el montaje, como si fuera muy habitual ver obras brechtianas en los escenarios españoles durante el franquismo: “Lo que Brecht intentaba antes de la segunda gran guerra ,o sea, hace más de treinta años, lo ‘ensayamos’ ahora aquí como si fuera algo nuevo ,y las petrolerías bastardas son acogidas con bravos estentóreos por jóvenes que creen que están viendo novedades. Yo no sé quién tiene la culpa de que nos reúnan a personas serias para representarnos teatro didáctico de Brecht. Pero así ocurrió anoche” (Nicolás González Ruiz, Ya, 17-67).

Sin embargo, otros críticos de mayor trayectoria alabaron mucho el espectáculo. Así, Juan Emilio Aragonés escribió: “El sabio y el aduanero, en el montaje concebido por Bululú, mantenía una línea de absoluta fidelidad a las directrices dadas por Brecht a su teatro (…).A ello contribuye —al margen de la certera labor seleccionadora en la obra poética de Brecht–— el carácter de Mimo-Teatro de la compañía, pues el género mímico, por su procedencia popular y la apoyatura que en él recibe la palabra mediante gestos y movimientos que vienen a reforzarla, es el más adecuado al teatro de Brecht”.

Y añadió: “Portentosa la dirección de Antonio Malonda y la tarea interpretativa del conjunto, con mención especial para Amparo Pamplona, que da a sus breves intervenciones matices insospechados” (Informaciones, 17-1-67).

A su vez, Lorenzo López Sancho abundó en la calidad de la interpretación: “Los actores del Bululú hicieron sobre todo un alarde de expresión corporal. La sencillez de la frase queda valorada por la amplitud del ademán. El mensaje, reforzado por el gesto. La protesta, exaltada por el grito. (…). Lo mejor de esta agrupación es haber logrado convincentes ritmos colectivos, ajustando empaste de movimientos y actitudes; plástica sugestiva que apoya el desarrollo de la lección brechtiana”.

Y terminaba señalando que “tanto Jesús Sastre como Antonio Malonda demuestran haber asimilado bien la técnica de Brecht y ser fieles a su espíritu. Por ello, pese al tono menor de las dos piezas en la cosmogonía brechtiana, el trabajo merece ser visto y aplaudido” (ABC, 18-10-67).

Por último, José Monleón escribió que “la versión ofrecida por los del Bululú, bajo la dirección de Malonda, es —dentro de su pobreza— admirable. La cámara negra, un blanco, unas cintas, un pequeño cartel, un bastidor blanco apenas más alto que una persona y de dos metros de ancho… y ya está” (Triunfo, 18-11-67).

Ficha artística