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Cataro-Colón, versos de arte menor por un varón ilustre, de Cátaros


Breve historia

Cátaro-Cólon. Versos de arte menor por un varón ilustre, constituye uno de los principales éxitos del dramaturgo y director teatral Albert Miralles, y de la compañía Cátaros, originada en el Institut del Teatre de Barcelona.

La obra, según su autor, supone “una desmitificación del descubrimiento de América con la idea de rebatir los argumentos del franquismo que nos proponía: ‘aguántate con la miseria de ahora. Porque hemos tenido un pasado glorioso’. Y nosotros atacábamos ese pasado glorioso, diciéndole a la gente: ‘tu hambre es de ahora. Rebélate’”.

Muy celebrada por el público y por la crítica, Cátaro-Colón recibió diversos premios, entre otros el Premio Guipúzcoa en 1968, el Premio Instituto de Estudios Alicantinos en 1970 y el Premio de la Real Academia Española en 1975.

Según Lorenzo López Sancho, “Alberto Miralles, un autor joven, puesto que tiene ahora veintiocho años, ha escrito una antibiografía de Colón desde los supuestos culturales, políticos y psicológicos de nuestro tiempo. Como ocurre casi siempre que se pretende desmitificar un personaje histórico, Miralles ha ensayado la construcción de un antimito cuyas piezas no son humanas, no son de época; cuyas piezas, son, precisamente, las del mito, es decir, las que los siglos han elaborado, pero colocándolas de distinta manera. Juego literario que exige agudeza o ironía; que necesita documentación e ingenio. De todo ello hace gala en buena dosis Alberto Miralles y también de malicia suma. Porque el uso intencionado de toda suerte de anacronismos conceptuales y coloquiales nos obliga a admitir como parte del juego algunos anacronismos históricos, que, variando la profundidad temporal de los sucesos en que influyen, los enriquecen, los ironizan” (ABC, 14-12-68).

Añadía asimismo que “es tan inteligente la panorámica de hipótesis maliciosa que Miralles construye para situar los antecedentes del Descubrimiento, su consumación y sus consecuencias, así como la personalidad de Colón, la de los Reyes Fernando e Isabel y la de sus cortesanos, que uno siente que, con las variantes de época, muy bien podría haber sido así, poco más o menos, en los móviles, en las ambiciones, en los prejuicios, en los caracteres. Podría haber sido así y, de serlo, no tendríamos ahora por qué ponernos tantos perifollos historicistas ni por qué acudir a hechos tan lejanos y ajenos a nosotros, los de la cola del autobús, los de la declaración para el impuesto sobre la renta, los de los partidos internacionales que se pierden, para sentirnos justificados, disculpados y vanidosos”.

A su vez, Gonzalo Pérez de Olaguer escribió que el texto “tiene un meritorio arranque —tratamiento descarado, sarcástico de Colón y sus avatares para la conquista del Nuevo Mundo— para luego decaer, sobre todo en su segunda parte, que se hace seria, casi psicológica. Teatro éste de Miralles que una vez más suscitó polémica —ruidosa en más de un momento— y al que no se le puede negar un carácter novedoso e inquieto” (Yorick, 36, verano 1969).

Ficha artística