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Teatro de Cámara de Zaragoza


Breve historia

El Teatro de Cámara de Zaragoza fue uno de los proyectos más estructurados y claramente definidos, en lo estético y en lo político, del Teatro Independiente.

Fue fundado en 1964 por Mariano Cariñena e inscrito como Teatro de Cámara al año siguiente, tras una primera etapa de estrecha relación con el Teatro Principal de Zaragoza.

Sin embargo, después algunos estrenos iniciales, la compañía entró en una fase de inactividad escénica, de la cual salió en 1966 a través de un proceso de refundación que coincidió con la entrada en ella de Juan Antonio Hormigón y Rosa Vicente. Ambos regresaban entonces a España, una vez terminados sus estudios de investigación teatral en el CUIFERD —un centro francés creado al efecto por Jack Lang en la Universidad de Nancy—, con el ánimo de poner en práctica en nuestro país lo allí aprendido.

El Teatro de Cámara de Zaragoza, que llegó a contar con una treintena larga de miembros —cifra inusual, por lo elevada, entre los grupos independientes de la época—, se organizó de inmediato en varias secciones: Junta de Gobierno, Colectivo Artístico, Seminario de Estudios Teatrales, Boletín de Estudios Teatrales, Club de Espectadores —el primero creado España, que llegó a tener casi 500 socios— y la Compañía propiamente dicha.

En cuanto a la orientación estética, ninguna duda: el realismo dialéctico, es decir, “la teoría dramatúrgica iniciada por Brecht y continuada por hombres de teatro y filósofos que le han prestado mayor equipamiento intelectual”, en sus propias palabras.

Desde su reorganización en 1966, todos los montajes de la compañía fueron dirigidos por Mariano Cariñena (por ejemplo, El profesor Taranne de Adamov, Las Pericas de Dorr y Woyzeck de Büchner) o por Juan Antonio Hormigón (por ejemplo, El barón de Moratín, Andorra de Frisch y La dama del olivar de Tirso de Molina). Hormigón dirigió también un Paolo Paoli, de Adamov, que no se estrenó por problemas de producción, y Un hombre es un hombre de Brecht, que tampoco lo fue porque la autorización inicialmente concedida resultó revocada poco antes de su primera función.

Los programas de todos estos espectáculos incluían una amplia información sobre el autor, el texto y la puesta escena, de intencionalidad claramente didáctica, en la que es imposible no ver la mano de Hormigón.

La abrupta prohibición de Un hombre es un hombre es buen ejemplo de los continuos y crecientes problemas que la compañía tuvo que afrontar con la Brigada Político-Social y con la censura franquista a lo largo de su trayectoria, los cuales condujeron desgraciadamente a su final.

En enero de 1969, el Gobierno franquista decretó un Estado de Excepción, lo que dio lugar a la detención de una docena de miembros del grupo y al encarcelamiento y tortura de dos de ellos (Juan Antonio Hormigón y Eduardo González). Como consecuencia, el grupo, aunque formalmente no desapareció, cesó en sus actividades escénicas, si bien logró retomar su camino de alguna forma dos años más tarde, cuando una parte de sus integrantes puso en marcha el Teatro Estable de Zaragoza.