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Compañía Luis Seoane


Breve historia

El límite temporal que se ha establecido formalmente para la selección de contenidos de esta web —el final de 1980— impide recoger en toda su extensión la trayectoria de la Compañía Luis Seoane, que incluye una docena larga de espectáculos en sólo ocho años, amén de otras actividades, pero sí facilita felizmente dejar constancia de su fundación y de sus primeros estrenos.

Esto es relevante no sólo por el interés intrínseco de los trabajos de la Compañía, sino también porque su puesta en marcha surgió de la constatación de que, en los albores de la década de los 80, era imprescindible encontrar nuevas vías de desarrollo para el futuro del tipo (o tipos) de teatro que habían promovido hasta entonces los grupos independientes.

La Compañía Luis Seoane fue creada en 1980, en régimen de cooperativa, por iniciativa de cuatro profesionales (Manuel Lourenzo, Xosé Manuel Rabón, Francisco Pillado y Xosé Miguel Pernas) que habían estado estrechamente ligados a varias de las mejoras experiencias que hasta entonces se habían desarrollado en el Teatro Independiente gallego.

La principal razón que les movió a ello fue que, aun reconociendo las importantes aportaciones que había hecho hasta entonces el Teatro Independiente en Galicia (“la implantación del uso del gallego en el escenario (…), llegar a aquellos núcleos de población que no tienen acceso a la cultura, (…), la aparición de una literatura dramática enraizada en la sociedad gallega (…) y la incorporación, en el plano estético y teórico, de las conquistas del teatro contemporáneo”, en sus propias palabras), este movimiento se estaba estancando y era necesario “un planteamiento más estable y riguroso del trabajo escénico”.

Un planteamiento que, sin negar la necesidad de la itinerancia como “un compromiso libremente establecido" (pero no como opción únicamente forzada por limitaciones económicas), se basaba en la creación de una compañía para “la normalización del teatro en Galicia” que afrontara no sólo trabajos de creación escénica, sino también de teoría, repertorio, experimentación creativa, investigación, revisión de la literatura dramática gallega existente y promoción de una nueva, profesionalización, formación, creación de público, etc.; y, en particular, que dispusiera de una sala propia para dar estabilidad a sus actividades.

Sobre la base de estos planteamientos, los cuatro fundadores bautizaron la Compañía con el nombre de Luis Seoane, en memoria del escritor, pintor y escenógrafo fallecido un año antes.

Se sumaron inicialmente al proyecto otros profesionales, como Amalia Gómez, Luisa Marelas, Constantino Rábade, Ramón Rodríguez y Xosé Luis Vázquez; arrancaron con dos espectáculos basados en textos de Genet y Brecht (toda una declaración de principios dramáticos; luego, ya en la década de los 80, vendrían Strindberg, Beckett, Otero Pedrayo…); y lograron inaugurar al año siguiente la Sala Teatro Luis Seoane, en la que no sólo representaban sus montajes, sino también los de otros grupos independientes de fuera de Galicia.

Finalmente, ocho años después de la fundación de la Compañía Luis Seoane, el proyecto se vio obligado a echar el cierre por razones económicas, si bien sus integrantes continuaron desarrollando una intensa actividad profesional en el teatro gallego.