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Ubú Rey, de Caterva


Breve historia

Paradójicamente, el Ubú Rey de Caterva fue, al mismo tiempo, el espectáculo de mayor éxito del grupo, el que tuvo un mayor número de representaciones, el que le permitió acceder plenamente a un estatus profesional y el que casi fue su canto del cisne, pues sus miembros sólo produjeron después un único montaje (una versión libérrima de Don Juan Tenorio) antes de disolverse e integrarse en Teatro Margen.

Como fue habitual a lo largo de su trayectoria con otras obras de teatro, Caterva utilizó a sus anchas el texto de Alfred Jarry para hacer su propia dramaturgia; algo a lo que la pieza se presta ampliamente, pues en palabras del propio grupo “debido a su estructura abierta, su abandono del análisis psicológico y su facilidad de celtiberizarse y admitir el circo y los juegos participación, nos interesó por condensar la forma de teatro que nos gustaría hacer” (Demetrio Enrique, Cambio 16, 28-7-75). Una forma de teatro que ellos consideraban fundamentada “en la caricatura y en la sátira”.

No resultaba fácil hacer sátira y caricatura de un texto que denuncia la tiranía, la corrupción, la usurpación violenta del poder, la ambición y la falta de moralidad política precisamente de una manera satírica y caricaturesca. Pero Caterva lo logró apelando, como ellos mismos advertían, a recursos circenses.

Así lo apreció con claridad José Antonio Gabriel y Galán: “Caterva dirigió su tiro hacia la función circense (es decir, la payasada, en el buen sentido de la palabra) y pienso que han acertado. En más de una ocasión corren el peligro de caer en la astracanada “castañuelera”, pero logran siempre salvar la situación. Los personajes son payasos y no lo ocultan, sino todo lo contrario. La función, repito, se convierte en una payasada esperpéntica muy eficaz” (Fotogramas, 1975).

A parecidas consideraciones llegó también José Monleón: “Caterva pretendía divertir al público, hacerle participar en el espectáculo y burlarse de una serie de falsos valores y sólidas instituciones; cosas todas ellas que logró tomando el Ubú Rey, de Jarry, como pauta (…) con un trabajo que merece sin duda ser calificado entre los más frescos e ingeniosos de cuantos ha presentado el Alfil hasta la fecha” (Triunfo, 26-04-75). La participación de los espectadores en el espectáculo —que incluía una pelea con vasos de plástico con el público— fue especialmente subrayada por Enrique Buendía, que calificó el montaje como una “recuperación de la indecente complicidad” (Reseña, junio-75).

El espectáculo fue programado en un amplio número de localidades españolas y superó finalmente las 160 funciones.

Ficha artística