logo ministerio de cultura

Ñaque o de piojos y actores, de Teatro Fronterizo


Breve historia

Ñaque o de piojos y actores, de José Sanchis Sinisterra, fue el cuarto montaje del Teatro Fronterizo desde que el grupo iniciara sus actividades en el año 1977.

Según confesión del propio autor, este elaboró el texto tras el gran éxito del anterior montaje —La noche de Molly Bloom, una dramaturgia de Sanchis sobre un capítulo del Ulises de Joyce— para que el actor que interpretaba en él al durmiente Leopold Bloom (Manuel Dueso) y el ayudante de dirección del mismo espectáculo (Luis Miguel Climent) pudieran tener un papel mucho más visible en una puesta en escena.

En la edición de Ñaque o de piojos y actores, se señala que la obra es una “Mixtura joco-seria de garrufos varios/sacada de varios autores/ (pero mayormente de Agustín de Rojas)”.

La obra surge, pues, de un hábil trabajo dramatúrgico de Sanchis Sinisterra sobre textos del Siglo de Oro español. Se configura como el diálogo de dos personajes, Solano y Ríos —que forman un Ñaque, denominación que recibían en el Siglo de Oro las compañías integradas por sólo dos actores— extraídos de El viaje entretenido, una obra de Agustín de Roja; y con el recurso añadido de utilizar fragmentos de entremeses y loas de Lope de Vega, así como del Códice de Autos Viejos.

Así pues, se trataba de un manifiesto ejercicio de metateatralidad que estaba atravesado por el uso sistemático de la gran riqueza expresiva del refranero popular castellano, el romancero tradicional, la literatura oral y manifestaciones diversas de la literatura popular española.

Como señala de Álex Broch en la Enciclopèdia de les Arts Escèniques Catalanes, Sanchis Sinisterra construyó con todos estos elementos un texto que reelaboraba el lenguaje áureo para desarrollar, básicamente, una reflexión sobre la condición social y el trabajo del actor, el mismo acto de la representación y la razón y motivos del espectáculo dramático visto desde los ojos sencillos de dos actores que, como “comediantes de la legua”, viven en un estado de marginalidad social y teatral.

La forma del diálogo, la constante autointerrogación en busca de las respuestas a las preguntas que se plantean los dos actores, el espacio vacío de la representación y la naturaleza de ambos personajes han permitido a muchos analistas establecer posibles paralelismos entre Solano y Ríos y los Vladimir y Estragón del Esperando a Godot, de Beckett. Una filiación y una “deuda” que Sanchis Sinisterra no ha negado y que recuerda, por otra parte, la constante presencia de Beckett en todo su análisis, reflexión y obra dramática.

Sin embargo, mientras que en la obra de Beckett ese Godot es un símbolo abierto a posibles interpretaciones, no parece haber demasiada duda de que Ñaque surge, fundamentalmente y como razón principal, de una reflexión sobre las condiciones que configuran y subyacen en el oficio de actor, sobre el acto de la representación y sobre el propio concepto de teatralidad.

La obra, que recibió el premio Artur Martorell del Festival Internacional de Teatro de Sitges de 1980, fue unánimemente elogiada por la crítica y tuvo que ser reprogramada por el Teatro Fronterizo con repetido éxito muchos años después de su estreno.

Ficha artística