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El horroroso crimen de Peñaranda del Campo, de Teatro Libre


Breve historia

En 1977, cuando el Teatro Independiente comenzaba a dar sus primeras muestras de inestabilidad, el Teatro Libre empezó a preparar El horroroso crimen de Peñaranda del Campo, de Pío Baroja, en versión de Alonso de Santos.

Este trabajo, que se prolongó hasta 1979, consolidó al grupo: se estrenó en Madrid y, después de dos meses con pleno éxito en la Sala Cadarso, pasó al Valencia Cinema, a la Sala Villarroel de Barcelona, al Auditorium de Palma de Mallorca y al Teatro Lope de Vega de Sevilla, entre otros espacios, además de recibir el Premio Ciudad de Segovia y representar a España en el Festival de Palermo. Se escenificó en casi 400 ocasiones durante los dos años que permaneció en cartel.

En la actualidad, no resulta accesible la versión que el grupo llevó por los escenarios, porque la obra barojiana publicada en La Farsa y firmada como versión del Teatro Libre se trata, en realidad, del texto original, “muy abierto a interpretaciones”, según Alonso de Santos, como se desprende al cotejar con El horroroso crimen aparecido en la colección "La novela mundial".

El propio Alonso de Santos ha señalado que la dramaturgia y el montaje evolucionaron constantemente, a lo largo de sus dos años de escenificación, en función de cómo lo hacía la vida española en esa época y de la despenalización de lo que, con anterioridad, se habían considerado delitos.

Fernández Santos dejó constancia de esta continua remodelación de la obra y de los efectos beneficiosos que dichas modificaciones reportaron. Y añadió que “erre que erre, el grupo de Teatro Libre asegura que, al cabo de una cota de representaciones desconcertadas, comienza a percatarse de los juegos ocultos en la dura palabra y en la más dura acción del drama" (Cristina Santolaria, 1998).

Alonso de Santos ha explicado (1998) cuáles fueron los principales cambios operados en su versión respecto del texto de partida: se redujo el reparto por la necesidad de adaptarse a los miembros del grupo y, en ocasiones, por tratarse de personajes, en cierto modo, redundantes; se hizo recaer el peso del montaje sobre el reo, que estuvo interpretado por Rafael Álvarez “El Brujo”, se modificó el final, se intensificaron los tintes satíricos-esperpénticos y, aunque el grupo no trataba de educar ni de moralizar, tampoco obvió una clara intención de crítica social. Estas mismas transformaciones fueron destacadas por Domingo Ynduráin, si bien apuntó como negativo el carácter inoportunamente simbólico de alguna escena.

En todo caso, las críticas publicadas fueron muy mayoritariamente positivas: "El Teatro Libre ha realizado un montaje elocuente, chispeante, popular y participativo, con una interpretación muy personal que denota su nutrida andadura como grupo independiente" (Avilés); "la interpretación que nos ofrecen actores y actrices del Teatro Libre, la encontré buena, inteligente, emocionada en algunos instantes" (Izcaray); "es indudable que siguen la escuela de Els Joglars con más realismo y menos mímica, lo que hace sea más comprensible para el espectador" (Tales) (Francisco Álvaro, 1980).

Ficha artística